Me desnudo sigilosamente
inundada de las ganas que me desesperan,
se marcan mis labios en cada mordida que incita mis deseos,
mientras la lluvia la siento resbalar por mi cuerpo
apenas con un roce levitando mi infinito.
Con tus manos aniquilando mis senos duros
moldeando mis formas como quien baila con el suspiro del viento,
sometiendo mi docilidad,
en la inmensidad del universo que me agita,
con el rugir de los dioses del olimpo,
dominando lo tierno, lo perverso y lo divino
Me hago prisionera en el templo de tu fortaleza
con la firmeza de tu sexo
sin clemencia ni compasión que te contenga.
Excitada y complaciente brota la humedad por cada poro de mi piel
convulsionando la carne que se contrae en cada penetración
en un juego donde manda el placer y el sacrificio,
presionando la gravedad
éxtasis derramado en mis laberintos
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